El pasado 3 de marzo fue entregado en Torreón el premio del
Concurso Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa, dotado con cien mil pesos al
ganador: Manuel Becerra Salazar. El concurso estuvo suspendido en el 2013, por
una excusa de falta de presupuesto, y regresó de nuevo cobijado con un monto
económico mayor y el apoyo de los tres niveles de gobierno: el Municipio, el Estado
y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
Durante la premiación, Marianne Toussaint, hija de la poeta
coahuilense y también entusiasta escritora; dijo que no hay nada peor que
escuchar hablar a las “viudas” y alas “hijas e hijos” de los escritores, que en
este caso como Enriqueta Ochoa han alcanzado el nivel de leyenda literaria.
Pero nos hizo recordar el origen del concurso en 1994 propuesto por el ilustre
y fallecido escritor lagunero: Fernando Martínez.
Un momento de celebración llevó a un recuerdo triste,
Fernando Martínez, narrador, poeta, profesor universitario y funcionario
cultural, falleció en enero de 2014. Y hasta la fecha ninguna institución ha
realizado algún homenaje significativo en su memoria. Martínez Sánchez fue director
de la Casa de Cultura de Torreón y coordinador del taller de narrativa de la
Biblioteca José García de Letona.
Dirigió el Centro de Investigación y Promoción de la
Literatura del ICOCULT. Fue Premio Julio Torri de ensayo 1989 otorgado por el
Instituto Estatal de Bellas Artes. Primer Lugar en el Concurso Estatal de
Cuento 1997 otorgado por el Instituto Coahuilense de Cultura. Premio Binacional
de poesía Pellicer-Frost en 1999.
Fue una figura ligada
a la cultura y las letras laguneras de la importancia necesaria para que
su nombre sea puesto en un lugar trascendente en La Laguna y el Estado. Ojalá
que el tiempo nos dé la razón…
Por otro lado, es una buena noticia que dos veces al año, el
nombre de Enriqueta Ochoa sea recordado a nivel estatal y nacional, con el
Concurso Nacional de Poesía y el Festival de la Palabra que en su nombre se
realiza en el mes de noviembre; con la visita y la participación de creadores
locales y nacionales.
Su verso, es de una naturaleza tan nostálgica: “Si me voy este otoño entiérrame bajo el oro
pequeño de los trigos, en el campo, para seguir cantando a la intemperie. No
amortajes mi cuerpo. No me escondas en tumbas de granito…”
Y así, al paso del tiempo, el recuerdo de Enriqueta descansa
bajo el oro de este desierto lagunero, tan ávido de poetas, tan ávido del arte
de los grandes como ella.
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