Hace tiempo leí con agrado una serie de reportajes sobre el combate a la violencia en Colombia a través de la educación y la cultura. En lugares de Medellín donde las balas y la pobreza eran el panorama natural de los niños y jóvenes, ahora existen proyectos de acercamiento de libros a las comunidades y hasta se ha construido un teleférico para trasladar a los jóvenes de lugares marginados de manera más rápida a las escuelas.
También me he enterado de que la Feria del Libro de Buenos Aires es el evento más importante de la ciudad argentina, comparado con una feria ganadera. La cantidad de gente que asiste jamás ha disminuido. A pesar de la crisis, el apoyo a la cultura no ha dejado de existir, sino todo lo contrario. La cultura es un escudo contra la crisis.
Esto jamás ha ocurrido en México, o por lo menos en nuestro Estado y en Torreón, donde este fin de semana una de las noticias que más ha llamado la atención es el retiro del apoyo económico por parte del Municipio a 17 organismos civiles, entre los que destacan museos, teatros, escuelas de música, la Camerata de Coahuila y un parque de esparcimiento.
Los tiempos de austeridad llegaron para la mayoría de los estados y municipios de Coahuila, como reflejo de la crisis nacional que aun no ha llegado a lo peor, pues en el 2010 ya anunció el secretario de hacienda habrá un faltante para nuestro país de 300 mil millones de pesos.
Pero esto no justifica que los estados y municipios corten presupuesto por lo que ellos consideran lo “no esencial”, es decir: cultura y deportes.
Pero echemos un vistazo a estos proyectos que ahora han quedado sin apoyo: la Banda Salvador Jalife ha perdido un subsidio de 22 mil pesos cada mes, la Camerata de Coahuila perdió 45 mil pesos, la Escuela de Música Santa Cecilia 21 mil pesos, el Museo Arocena ya no contará con 87 mil 500 pesos, el Museo de la Revolución dejará de recibir 22 mil pesos mientras que el Museo Regional de la Laguna se quedará sin 17 mil 500 pesos.
Además el Parque Las Etnias ya no tendrá en su presupuesto los 52 mil 500 pesos que le entregaba la administración, mientras que el Parque Fundadores dejará de percibir 115 mil pesos. El Teatro Isauro Martínez ya no contará con los 49 mil 750 pesos mensuales al igual que la Oficina de Convenciones y Visitantes de Torreón que ya no tendrá mensualmente los 43 mil 900 pesos que recibía de la administración panista de José Ángel Pérez.
Si analizamos algunos de estos proyectos, encontraremos que los teatros y museos cuentan con patronatos que seguramente se estarán preocupando por rellenar esos huecos económicos para no dejar de presentar actividades.
Sin embargo hay otros como la Escuela de Música Santa Cecilia, ubicada al oriente de la ciudad en la colonia Las Julietas, a donde acuden más de 160 niños y jóvenes de escasos recursos a tomar clases de instrumentos de cuerdas, piano, instrumentos de aliento y metales, así como canto y batería.
Esta escuela, que también depende del patronato del Teatro Isauro Martínez, tenía un presupuesto de alrededor de 40 mil pesos mensuales, por lo tanto con los 21 mil pesos menos que el Municipio recortó, prácticamente está destinada a desaparecer.
Está claro que la administración de José Ángel Pérez ignora el alivio que la cultura y el arte pueden significar en sociedades con grandes contrastes económicos y de oportunidades. Es evidente que tanto gobiernos municipales como estatales, no han entendido que la cultura, salud, educación y desarrollo social deberían de ser áreas prioritarias para un gobierno, por las que nunca se debería empezar a recortar presupuesto.
lunes, 24 de agosto de 2009
sábado, 8 de agosto de 2009
De aquel insomnio...
No sé si fue un regreso precipitado a actividades académicas y la post producción de la última revista que edité, pero caí presa del insomnio a mitad de semana, ¡caray! Casi lo tenía previsto. Un cambio de rutina me lleva a alteraciones en el sueño de inmediato. Mi natural estrés, que ya no me sorprende tanto.
Pero reflexionando un poco en lo positivo que puede traer un insomnio, caí en cuenta de la aceleración de pensamiento en que se puede convertir una noche en vela. ¡En serio!, es como darle un repaso rápido a El Aleph de Borges o teclear una palabra al azar en el buscador Google y encontrarse con millones de páginas a la velocidad de tres segundos…
¿Qué suele uno hacer cuando aparece el insomnio? En mi caso, cuando estudiaba la maestría me tomaba tiempo para leer una lección pendiente. Y ahora reconozco que pocas veces he retomado el libro de cabecera en las noches de insomnio. Lo único que hago es decirle a mi mente: “ya relájate”, pero sucede todo lo contrario.
A propósito de todo esto, un día después me encontré en el diario español EL PAIS con un artículo que hablaba sobre las cosas que hemos ido perdiendo a través del tiempo. Desde una palabra que cayó en desuso, una vieja loción famosa en los 80’s, el traje de baño de rayas de los italianos, el spray a kilos en el cabello o la bolsa del mandado tejida que se usaba en lugar de las bolsas de plástico. Un escritor se dio a la tarea de hacer una especie de diccionario de los objetos, costumbres, palabras, películas, canciones y todo lo que ha caído en desuso.
Curiosamente el insomnio nos puede llevar a esto. A recuperar no solo viejos recuerdos, también instantáneas de la vida, de lo que hicimos ayer, hace dos horas, hace 12 o hace un par de semanas. Del último viaje y más allá en el tiempo, de alguna comida después del regreso de clases de la primaria cuando mamás nos recibía con unas ricas entomatadas y agua de melón. El insomnio puede ser un deleitoso ejercicio de recuperación de los objetos, los momentos, las horas, los días, los colores. Y a una velocidad, de verdad, impresionante. Claro, que eso en el mejor de los casos, porque a veces el insomnio nos mete en un espiral de problemas mentales sin resolver, de nuestras preocupaciones cotidianas, ocasionando las mayores de las veces una frustrante ecuación sin respuesta.
Por tal motivo, he resuelto que el insomnio, cuando de plano no pueda ser finiquitado con la televisión, la lectura, o una plática, sea como ese diccionario mental de recuperación de cosas perdidas. Y lo ideal sería poder escribir nuestra lista al amanecer. ¿No lo creen?
Pero reflexionando un poco en lo positivo que puede traer un insomnio, caí en cuenta de la aceleración de pensamiento en que se puede convertir una noche en vela. ¡En serio!, es como darle un repaso rápido a El Aleph de Borges o teclear una palabra al azar en el buscador Google y encontrarse con millones de páginas a la velocidad de tres segundos…
¿Qué suele uno hacer cuando aparece el insomnio? En mi caso, cuando estudiaba la maestría me tomaba tiempo para leer una lección pendiente. Y ahora reconozco que pocas veces he retomado el libro de cabecera en las noches de insomnio. Lo único que hago es decirle a mi mente: “ya relájate”, pero sucede todo lo contrario.
A propósito de todo esto, un día después me encontré en el diario español EL PAIS con un artículo que hablaba sobre las cosas que hemos ido perdiendo a través del tiempo. Desde una palabra que cayó en desuso, una vieja loción famosa en los 80’s, el traje de baño de rayas de los italianos, el spray a kilos en el cabello o la bolsa del mandado tejida que se usaba en lugar de las bolsas de plástico. Un escritor se dio a la tarea de hacer una especie de diccionario de los objetos, costumbres, palabras, películas, canciones y todo lo que ha caído en desuso.
Curiosamente el insomnio nos puede llevar a esto. A recuperar no solo viejos recuerdos, también instantáneas de la vida, de lo que hicimos ayer, hace dos horas, hace 12 o hace un par de semanas. Del último viaje y más allá en el tiempo, de alguna comida después del regreso de clases de la primaria cuando mamás nos recibía con unas ricas entomatadas y agua de melón. El insomnio puede ser un deleitoso ejercicio de recuperación de los objetos, los momentos, las horas, los días, los colores. Y a una velocidad, de verdad, impresionante. Claro, que eso en el mejor de los casos, porque a veces el insomnio nos mete en un espiral de problemas mentales sin resolver, de nuestras preocupaciones cotidianas, ocasionando las mayores de las veces una frustrante ecuación sin respuesta.
Por tal motivo, he resuelto que el insomnio, cuando de plano no pueda ser finiquitado con la televisión, la lectura, o una plática, sea como ese diccionario mental de recuperación de cosas perdidas. Y lo ideal sería poder escribir nuestra lista al amanecer. ¿No lo creen?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)