Retroceso
En otras ocasiones se ha tocado el tema en esta columna del recorte a la cultura a nivel municipal, estatal y federal. Pero el asunto no parece agotarse. La pregunta hoy es ¿por qué si para el gobierno federal el rubro cultural se encuentra en el último renglón de importancia le quitarán para el 2010 más de 3 mil millones de pesos?
Habría que empezar por reconocer que las actividades culturales han generado más del 6 por ciento del PIB en el país, de acuerdo con Ernesto Piedras en un estudio relacionado con los derechos de autor. Pero la realidad es que escritores, intérpretes, creadores, actrices y actores, coreógrafos, ejecutantes, escultores, grabadores, compositores, etc. se las arreglan como pueden par vivir de sus admirables oficios.
No me alcanzaría este espacio para reconocer lo valioso de una actividad creadora, que aunque para muchos es algo inmaterial y que no produce riqueza, en países tan contrastantes como los de la Europa occidental o Estados Unidos y la propia Cuba y Rusia; la cultura cobra un valor fundamental desde los niveles más básicos de la educación.
Las industrias culturales en Estados Unidos y Canadá tienen la misma importancia que la educación o cualquier actividad económica. Grandes festivales de jazz o de danza, bienales de arte, son financiados con cuantiosas sumas por igual ya sea por el gobierno o la iniciativa privada.
El alma de una ciudad, de un país, no está en sus múltiples fábricas o su sistema de bolsa de valores, ni en el gran crecimiento de la informática. El alma de una sociedad está en la cultura, sin la cual, todo lo anterior no tendría sustento ni valor.
Pero volviendo al tema de nuestro país y los recortes anunciados a la cultura dentro del Paquete Económico Fiscal para el 2010, el golpe duro llegará a todos los niveles. Porque para empezar se propone una baja de presupuesto al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) de 38 por ciento y de aquí se desprenden muchos de los proyectos culturales de los estados.
Pero otras instituciones afectadas serán el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) con 46 por ciento menos de presupuesto. Ya de por sí tenemos poco cine mexicano y todavía menor el que es de calidad. Aquí es preciso reconocer los esfuerzos de la actriz y política María Rojo por proponer apoyos al cine nacional.
Ante los recortes al Conaculta, sufrirán por ende el Canal 22, Radio Educación; y se devaluará la formación artística que ofrecen a través de sus distintas escuelas el Instituto Nacional de Bellas Artes y el Centro Nacional de las Artes. Otra de las instancias desfavorecidas será el Instituto Nacional de Antropología e Historia, nada más y nada menos que de donde se sostiene la divulgación y la investigación sobre nuestros orígenes.
Bien es cierto que muchas de estas instituciones se han burocratizado demasiado, al grado de que el INAH y el INBA destinan la mayor parte de su presupuesto para el pago de los salarios. Lo mismo que la SEP. Y también es cierto que algunos funcionarios culturales despilfarran recursos en cenas de gala y viajes al extranjero con comitivas de más de 20 personas.
Pero es inaceptable que prevalezca tan baja sensibilidad hacia la importancia de este sector. Y no lo digamos por las “vacas sagradas”, aquellos artistas que sí, en efecto, viven colgados del presupuesto haciendo 120 esculturas al año para un solo gobierno. Digámoslo por aquellos profesionales del arte que realmente trascienden en sus regiones y en el país, buscando becas cada año para subsistir o haciendo de todo un poco cuando en otros países sí podrían ser valorados por sus originales talentos.
sábado, 19 de septiembre de 2009
domingo, 6 de septiembre de 2009
Un poco de respeto
Hay cosas que indignan en este país. Que la inseguridad se cobre tantas víctimas jóvenes y que nos hayan quitado la tranquilidad, la de vivir pobres, pero sin mayores sobresaltos. Que los diputados se receten un bono de marcha millonario, que no haya empleo, que se despilfarren recursos en campañas políticas, que se quiten los apoyos a la cultura.
La lista podría ser interminable. Pero la tarde del viernes descubrí que también indigna que nadie respete ya, ni siquiera el aire que uno respira. Que un obrero que se traslada en bicicleta por plena zona industrial de la Comarca Lagunera, arriesgando su vida en el periférico, llegue a un semáforo y antes de continuar un tráiler le dispare por el escape una gran cantidad de smog en la cara, caray, ¡esto sí que es para tirar la toalla!
Los gobiernos le han dejado muy pocas opciones al ciudadano de la clase común en México, la clase pobre. Porque aunque hay quien no lo quiere ver, muchos mexicanos o por lo menos en la Comarca donde las maquilas todavía mantienen algunos empleos, no tienen el salario para hacerse de un automóvil, ni aun con el programa de “deschatarrización”.
Son cientos los obreros que se trasladan en este medio de transporte por avenidas de alta velocidad, con escasa luz, en donde por igual transitan tráilers y automóviles a 120 kilómetros por hora y cruzan las calles los peatones que habitan en los fraccionamientos de la zona.
Y que al llegar el fin de semana con el sueldo de 700 o de 800 pesos para costear lo mínimo, muy probablemente doblando jornadas o haciendo horas extra, y que todavía te echen el peor de los contaminantes en la cara, el smog que está maltratando tanto nuestra atmósfera que bosques y glaciares por igual desparecen; eso sí que no tiene nombre.
Es que por lo menos, ya que no va a haber dinero más que para comer en los próximos meses para muchas familias mexicanas, y no va haber para carros nuevos, ni mucho menos para un esparcimiento familiar; debería en nuestras ciudades haber zonas verdes de convivencia. Zonas peatonales, pero verdaderamente, con banquetas dignas, vegetación y señalamientos viales. Áreas para el deporte y áreas para los ciclistas.
Pero no. En su lugar vemos obras públicas mal hechas, puentes que no llegaron ni a la mitad de su construcción, camellones de periféricos cuyo suelo se pone y se quita la cantidad de veces que sea necesaria, al fin ¡que es dinero de los contribuyentes! En Gómez Palacio, municipio lagunero que pertenece a la flamante zona metropolitana, la federación decidió no apoyar la construcción de un verdadero parque ecológico en la antigua fábrica Jabonera, porque lo consideró demasiado grande. Ni modo, sin proyectos así, la gente tendrá que esperar en casa el fin de semana a ver qué porquería de programación le regala la televisión. Y volver al lunes cuidándose el ciclista y el peatón del smog, del poco alumbrado, del exceso de velocidad. El automovilista del elemento de tránsito que espera cualquier descuido para hacerse de su cuota diaria de multa, y cualquier ciudadano, cualquier mexicano tendrá que iniciar cada semana esperando por lo menos, llegar a la otra esquina sin muertes ni malas noticias en su camino.
Por eso, por eso. ¿Qué no puede haber aunque sea un poquito de respeto a lo único que nos queda? ¿El oxígeno, las zonas verdes, nuestro hábitat?...
La lista podría ser interminable. Pero la tarde del viernes descubrí que también indigna que nadie respete ya, ni siquiera el aire que uno respira. Que un obrero que se traslada en bicicleta por plena zona industrial de la Comarca Lagunera, arriesgando su vida en el periférico, llegue a un semáforo y antes de continuar un tráiler le dispare por el escape una gran cantidad de smog en la cara, caray, ¡esto sí que es para tirar la toalla!
Los gobiernos le han dejado muy pocas opciones al ciudadano de la clase común en México, la clase pobre. Porque aunque hay quien no lo quiere ver, muchos mexicanos o por lo menos en la Comarca donde las maquilas todavía mantienen algunos empleos, no tienen el salario para hacerse de un automóvil, ni aun con el programa de “deschatarrización”.
Son cientos los obreros que se trasladan en este medio de transporte por avenidas de alta velocidad, con escasa luz, en donde por igual transitan tráilers y automóviles a 120 kilómetros por hora y cruzan las calles los peatones que habitan en los fraccionamientos de la zona.
Y que al llegar el fin de semana con el sueldo de 700 o de 800 pesos para costear lo mínimo, muy probablemente doblando jornadas o haciendo horas extra, y que todavía te echen el peor de los contaminantes en la cara, el smog que está maltratando tanto nuestra atmósfera que bosques y glaciares por igual desparecen; eso sí que no tiene nombre.
Es que por lo menos, ya que no va a haber dinero más que para comer en los próximos meses para muchas familias mexicanas, y no va haber para carros nuevos, ni mucho menos para un esparcimiento familiar; debería en nuestras ciudades haber zonas verdes de convivencia. Zonas peatonales, pero verdaderamente, con banquetas dignas, vegetación y señalamientos viales. Áreas para el deporte y áreas para los ciclistas.
Pero no. En su lugar vemos obras públicas mal hechas, puentes que no llegaron ni a la mitad de su construcción, camellones de periféricos cuyo suelo se pone y se quita la cantidad de veces que sea necesaria, al fin ¡que es dinero de los contribuyentes! En Gómez Palacio, municipio lagunero que pertenece a la flamante zona metropolitana, la federación decidió no apoyar la construcción de un verdadero parque ecológico en la antigua fábrica Jabonera, porque lo consideró demasiado grande. Ni modo, sin proyectos así, la gente tendrá que esperar en casa el fin de semana a ver qué porquería de programación le regala la televisión. Y volver al lunes cuidándose el ciclista y el peatón del smog, del poco alumbrado, del exceso de velocidad. El automovilista del elemento de tránsito que espera cualquier descuido para hacerse de su cuota diaria de multa, y cualquier ciudadano, cualquier mexicano tendrá que iniciar cada semana esperando por lo menos, llegar a la otra esquina sin muertes ni malas noticias en su camino.
Por eso, por eso. ¿Qué no puede haber aunque sea un poquito de respeto a lo único que nos queda? ¿El oxígeno, las zonas verdes, nuestro hábitat?...
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