domingo, 6 de septiembre de 2009

Un poco de respeto

Hay cosas que indignan en este país. Que la inseguridad se cobre tantas víctimas jóvenes y que nos hayan quitado la tranquilidad, la de vivir pobres, pero sin mayores sobresaltos. Que los diputados se receten un bono de marcha millonario, que no haya empleo, que se despilfarren recursos en campañas políticas, que se quiten los apoyos a la cultura.
La lista podría ser interminable. Pero la tarde del viernes descubrí que también indigna que nadie respete ya, ni siquiera el aire que uno respira. Que un obrero que se traslada en bicicleta por plena zona industrial de la Comarca Lagunera, arriesgando su vida en el periférico, llegue a un semáforo y antes de continuar un tráiler le dispare por el escape una gran cantidad de smog en la cara, caray, ¡esto sí que es para tirar la toalla!
Los gobiernos le han dejado muy pocas opciones al ciudadano de la clase común en México, la clase pobre. Porque aunque hay quien no lo quiere ver, muchos mexicanos o por lo menos en la Comarca donde las maquilas todavía mantienen algunos empleos, no tienen el salario para hacerse de un automóvil, ni aun con el programa de “deschatarrización”.
Son cientos los obreros que se trasladan en este medio de transporte por avenidas de alta velocidad, con escasa luz, en donde por igual transitan tráilers y automóviles a 120 kilómetros por hora y cruzan las calles los peatones que habitan en los fraccionamientos de la zona.
Y que al llegar el fin de semana con el sueldo de 700 o de 800 pesos para costear lo mínimo, muy probablemente doblando jornadas o haciendo horas extra, y que todavía te echen el peor de los contaminantes en la cara, el smog que está maltratando tanto nuestra atmósfera que bosques y glaciares por igual desparecen; eso sí que no tiene nombre.
Es que por lo menos, ya que no va a haber dinero más que para comer en los próximos meses para muchas familias mexicanas, y no va haber para carros nuevos, ni mucho menos para un esparcimiento familiar; debería en nuestras ciudades haber zonas verdes de convivencia. Zonas peatonales, pero verdaderamente, con banquetas dignas, vegetación y señalamientos viales. Áreas para el deporte y áreas para los ciclistas.
Pero no. En su lugar vemos obras públicas mal hechas, puentes que no llegaron ni a la mitad de su construcción, camellones de periféricos cuyo suelo se pone y se quita la cantidad de veces que sea necesaria, al fin ¡que es dinero de los contribuyentes! En Gómez Palacio, municipio lagunero que pertenece a la flamante zona metropolitana, la federación decidió no apoyar la construcción de un verdadero parque ecológico en la antigua fábrica Jabonera, porque lo consideró demasiado grande. Ni modo, sin proyectos así, la gente tendrá que esperar en casa el fin de semana a ver qué porquería de programación le regala la televisión. Y volver al lunes cuidándose el ciclista y el peatón del smog, del poco alumbrado, del exceso de velocidad. El automovilista del elemento de tránsito que espera cualquier descuido para hacerse de su cuota diaria de multa, y cualquier ciudadano, cualquier mexicano tendrá que iniciar cada semana esperando por lo menos, llegar a la otra esquina sin muertes ni malas noticias en su camino.
Por eso, por eso. ¿Qué no puede haber aunque sea un poquito de respeto a lo único que nos queda? ¿El oxígeno, las zonas verdes, nuestro hábitat?...

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